Tengo una amiga, ni guapa ni fea, ni joven ni vieja, ni rica ni pobre que ha decidido terminar con una relación de varios años. Y me diréis que eso no es noticia, que hay muchas parejas que deciden acabar la convivencia, que no es la primera ni la última, que es «del montón». No tenían hijos, no hay daños colaterales, se suponía que seria una «ruptura limpia».
Ella tiene un empleo digno que le permite vivir bien, y que, a esas alturas de la película, no soportaba tonterías ni humillaciones, Pero claro está, el «machito» está herido en su amor propio, ¿cómo puede osar ella dejarlo plantado si es un «buen hombre»? Así que él ha decidido hacerle la vida un poco más difícil. La situación emocional por la que pasa ella (el recuerdo del cariño, las costumbres, la compañía…) se ve agravada por unas insistentes llamadas telefónicas para hacerle un seguimiento personal.
Ella primero, dejó de tener en su perfil una fotografía personal, después atendía las llamadas selectivamente y por último, ha decidido cambiarse de número de teléfono. Ese comportamiento infantil y egoísta que no permite a la otra persona rehacer su vida y sus relaciones, es un acoso en toda regla. Tiene la suerte de vivir en otra localidad, pero es muy molesto tener que estar pendiente en cada momento si está en los alrededores o no.
