Hay veces que la tecnología se nos revela, no nos quiere hacer caso, nos toma el pelo, es como si ese hijo autosuficiente se volviera Impertinente y no nos dejara hacer lo que queremos. Reconozco que yo sé muy poco de informática, que debería apostar por hacer algún curso que me permitiera «defenderme del monstruo que estamos generando», pero debe reconocer que me da mucha pereza y que los horarios de mis actividades son una traba para animarme.
Tengo a mi informático particular, una persona que tiene paciencia, buen humor y que reconoce que yo nací demasiado pronto para estas cosas, es mi hijo. Mi paño de lágrimas cuando tengo dudas o se me «atasca la máquina».
No me da vergüenza que sea él que me ayude, me siento afortunada de poder contar con él, y dentro de poco, la segunda generación también me echará una mano.
