Se iba a morir el tío Juan y, para no quedar mal con la familia, llamó a un sobrino suyo, a Blas, y le dijo: «Ya sé que estás enfadado conmigo porque si soy así o asá. Pero para que veas que te engañas y te aprecio de verdad, te doy para que lo disfrute: La finca que está junto al molino de aceite y el molino. Con ello sacarás un buen fajo de billetes cada año para no pasar apuros nunca. Espera, también te doy la casa grande que está al lado, con sus aperos, sus carros, animales y almacenes. …, Las parideras de la costanera, que son muchas y las bordas para poder hacer negocios con los turistas…, pero… ¿No estás contento, aun quieres más?.
No señor, es que me asalta una duda, ¿dime cuál? Pue…, que todas esas cosas que usted me quiere regalar, no son suyas…, El tío Juan se enfada y dice. Mira que gracias, demasiado lo sé chaval. Caramba, si fueran mías a ti te las iba a dar»
El que mucho promete, poco cumple.
