Esta mañana al alba, ha pasado un rebaño de ovejas por delante del balcón. Lo conducían seis mujeres y tres hombres. Iban a paso vivo. Hacía fresco, 4 grados, pero aquí al frio se llama fresco. Las ovejas tampoco remoloneaban. Me acordé de mi amiga, pastora ocasional, cuando ayuda a su herman, aunque no vive en el pueblo. Esta mujer, lectora empedernida, aprovecha para tomar el sol y disfrutar de la Naturaleza. Habla tres idiomas, pero lo considera normal.
Me contaba una anécdota que vivió ella. Unos urbanistas estaban viendo el paisaje y el niño exclamó: ¡mamá una pastora que sabe leer ! La reacción de mi amiga fue la de ¡ pobrecito, de donde habrán salido ! Hay personas que piensan que las personas que, por vivir en una zona rural, tienen un concepto de superioridad absurdo. No saben, esos «urbanitas», la cultura y sabiduría que se encierran en esos pueblos de la montaña.
Hay que ser humilde para que no te den una «repostá» (contestación con intención)
