Lo bueno de tener una terraza con vistas a la calle es que puede alparcear (cotillear, refitolera) todo lo que pasa. Soy una persona silenciosa, no tengo el volumen de la televisión demasiado alto y mi oido, de momento, es fino. Así que si mantengo la terraza abierta, aprovechando estos días templados, puedo disfrutar de los sonidos de la calle.
Hay veces que me dan alegría, porque oigo a los críos, en sus desplazamientos por la ciudad a las bibliotecas públicas. (Tengo un par de colegios cerca) y cómo piden a los conductores que toquen la bocina. Cuando esto sucede, los críos estallan en aplausos. No creo que puedan molestar demasiado. ¿acaso no fuimos críos también? Me recuerdan a los pardales (gorriones) cuando se acomodan para pasar la noche en los árboles. Es un guirigay increíble. No perdamos la alegría de los niños.
