Dicen que el hombre es un animal social y no lo pongo en duda. Pero, a veces, echo en falta esos pequeños grupos que se hacían en el patio o en el rellano de la escalera. Ahora no nos conocemos unos a otros. ¡Ojo! en mi casa se mantienen (mas o menos) los mismos vecinos. Pero, como diría mi hijo «hacemos menos vida social que los leones de Las Cortes». Y no le falta razón. Cada persona o familia, se limita a saludar. Es como si les costara hablar. ¿temor a contar, respeto a la intimidad, prisas…?
Llega un momento en que dudo que otros tengan la habilidad de la palabra. No pido que me cuenten sus vidas, además, los problemas de cada uno se deben mantener discretos. Como dice el refrán «la ropa sucia en casa se lava». Eso es cierto, porque nunca se sabe quién está escuchando y puede ser que lo que digas, se vuelva contra tí.
Tuve una experiencia un poco «molesta». Trabajaba en una multinacional donde tenia a varias personas a mi cargo. En un momento dado, comenté con una de ellas una cosa, no era ningún secreto, pero…, El tiempo le saltó para soltarlo. «Pues X dice que…,» Aprendí a ser mas reservada y discreta porque por mucha confianza que se tenga, hay personas que, no por malicia sino por ponerse la medalla, te dejan en evidencia,
